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sábado, 09 de mayo de 2009
¿Por qué ha dimitido el presidente Juan Murillo?

Carlos Crivell.- Para algunos no ha sido una sorpresa la dimisión del presidente Murillo. Se quiso marchar antes de la Feria pero entendió que no podía irse poco antes del comienzo del ciclo abrileño. Su marcha es una noticia importante porque tiene un trasfondo que debe ser conocido por los aficionados. Murillo dice que está harto y que no puede seguir tirando del carro. Surgen de inmediato las preguntas. ¿De qué está harto Juan Murillo? La respuesta puede incluir a la empresa, a los políticos o a sus propios compañeros. ¿De qué carro ha tirado Murillo?

El presidente dimitido no quiere hablar sobre las verdaderas causas de su adiós. Pero no es una buena solución tirar la piedra y esconder la mano. Si se marcha, algo a lo que está en su perfecto derecho, que lo haga contando la verdad de los motivos que le obligan a ver los toros desde el tendido.

En un momento con pocos datos, el observador debe recalar en los aspectos políticos del tema. La delegada es un cargo significado en el partido socialista. Además, dentro de los grupos del partido en Sevilla, Carmen Tovar no pertenece al mismo sector del anterior delegado, Demetrio Pérez, que nadie debe olvidar fue quien cesó a Francisco Teja y se vio obligado a echar a Antonio Pulido para presentarle a sus jefes una cabeza después del desastre de la suspensión de la corrida del 10 de abril de 2008. Demetrio Pérez ya no es delegado, quiso ser el mandamás de los socialistas en Sevilla, perdió y está en la reserva. Quien manda ahora puede que tenga ideas distintas sobre muchos temas, entre otros sobre el palco de la Maestranza.

Comprendo que todo lo insinuado en el aparado anterior se quede cojo y que algunos no lo entiendan. Por el contrario, muchos habrán captado los entresijos del asunto. Los que no lo entiendan acabarán de comprenderlo cuando el palco sevillano se reorganice de nuevo, algo que puede no ocurrir hasta la próxima temporada.

Ha dicho alguien con autoridad en el tema que Juan Murillo ha dimitido cinco minutos antes de que lo cesen. A Murillo le han puesto piedras en su camino para que no estuviera a gusto. Dijo antes de la Feria que quería un equipo unido y coordinado. Probablemente la mayor piedra que len colocado ha sido la de imponerle personas en su equipo con las que no estaba de acuerdo. También ha trascendido el enfado de muchos miembros de los equipos por la reducción de acreditaciones que este año se ha producido. No sólo ha habido cortes para algunos medios, - algunos con bajada del número y otros sin credenciales, porque dice la empresa que no se puede acreditar a todo el mundo -, sino que también lo han sufrido los veterinarios, policías de callejón y otros personajes de la farándula taurina. Dice Murillo que no van por ahí los tiros.

Otra voz ha dicho que Murillo le ha echado un pulso a la delegada y que lo ha perdido. ¿Un pulso? Es urgente que Murillo o Carmen Tovar aclaren si ha habido tal pulso y en qué ha consistido. Todo esto puede parecer banal, pero no lo es en absoluto. Malo sería que la dimisión de Murillo quedara como una noticia más de la temporada sin que la opinión pública tuviera en sus manos los datos para analizar lo que ha pasado.

De todo esto se deduce que algo grave ha debido pasarle a Juan Murillo para que deje lo que ha sido su amor apasionante durante más de 30 años. Y ese asunto tan grave compromete a la autoridad que lo nombró. Es evidente que se impone que, definitivamente, Carmen Tovar salte al ruedo y ofrezca las explicaciones necesarias. Si no lo hace, su imagen quedará enturbiada. Debe explicar de qué estaba harto Juan Murillo, si lo sabe. Porque si no lo sabe, su obligación es admitir públicamente que no se ha enterado de que este cargo tenía, como principal escaparate, el de los toros, algo que parece que la señora Tovar no ha captado.

Desde el punto de vista taurino, el adiós de Murillo es un duro golpe para la plaza de toros sevillana. Su aplomo, experiencia y afición le han permitido ser uno de los grandes presidentes de la Real Maestranza, ni mejor ni peor que otros que, con distinta actitud, también honraron ese cargo. Y es un duro golpe porque el palco queda muy debilitado. Gabriel Fernández Rey es un presidente sin rigor, mantenido porque pertenece a la Policía Autonómica, porque parece que luce mucho eso de tener presidentes autonómicos. Y Anabel Moreno está aún en formación. Este año ha mejorado con relación al pasado año, pero todavía tiene enormes lagunas, tanto en los corrales como en la concesión de trofeos, que son graves impedimentos para asentarla con la autoridad que debe tener un presidente de corridas de toros. El presidente suplente no cuenta, porque es un desconocido que se fogueará en las novilladas sin caballos, pero al que no se le puede exigir nada por su absoluta inexperiencia.

El palco de una plaza de toros tan complicada como la de Sevilla, y otras de similar categoría, debe estar revestido de la autoridad que otorga la profesión de funcionario de la Policía. Con esta novedad de los presidentes aficionados, los palcos se han llenado de personas de buena voluntad pero que claudican ante las exigencias de los taurinos. En Sevilla se impone buscar nuevos presidentes entre los equipos actuales que sean funcionarios de la Policía. Los hay. Aunque ya advierto que podría haber reapariciones gloriosas y que podrían explicar algunas de las cuestiones que ahora mismo son una incógnita. 
 

 

 

 
Carlos Crivell. Crítico taurino
 
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